Abel Blasón - Todo Córdoba habla de Blasón

Belgrano es una esperanza. Pero también una historia. Ya pasaron ochenta años de aquel instante en que un puñado de chicos que encabezaba Arturo Orgaz lo fundó debajo de un algarrobo apenas había empezado el siglo.
Belgrano es un sueño. Pero también un equipo de fútbol con memoria. En la AFA lo esperaron mucho tiempo. Llegaron antes Talleres, Racing, Instituto... Ahora está en el Campeonato Nacional “B”. Ha renacido el entusiasmo. En una semana goleó a Deportivo Maipú (4-2), el domingo en Mendoza, y a Atlético Concepción (4-0), el viernes en Córdoba.
Sin mucho ruido, dentro de esa campaña, hay un wing que sube: Abel Darío Blasón. Tiene 23 años (nació el 1º de septiembre de 1963) y es soltero. Mide 1.80m y pesa 77 kilos. De los 49 goles que Belgrano lleva convertidos en el torneo, anotó 23. Y él, Abel Darío Blasón, también sueña. Tiene esperanzas y lucha para ser historia cuando el tiempo establezca larguezas de recuerdo.
Ahora habla, nos cuenta su vida y lo escuchamos:
Nací en Lucas González, un pueblo hermoso y muy chico de la provincia de Entre Ríos, que debe tener tres habitantes. Está a 130 kilómetros de Paraná y a 25 de Nogoyá. Lo fundó un ingeniero que le cambió la traza original al proyecto del ferrocarril y lo hizo pasar por el lugar que después tomó su nombre como homenaje...
Yo jugaba en el Atlético Lucas González con Christian Guati, que ahora está en Los Andes. Él era wing y yo centreforward. De mi pueblo es también Alfredo Jorge Llane, el de Estudiantes de La Plata... Vine a Córdoba de casualidad. Me había recibido de perito mercantil y estaba sin hacer nada cuando un amigo, Rubén Boeri, me pidió que lo acompañara porque venía a inscribirse en la Facultad de Odontología. Lo acompañé, pero no me anoté en ninguna carrera, no tenía la vocación definida.
Fue a Comienzos de 1983. En Córdoba fuimos a ver a un amigo de nuestro pueblo que después fue diputado radical: Mario Negri. El me presentó a unos amigos que me hicieron probar en Racing. Estaba Coco Basile como técnico. Jugué en un preliminar y estuve en unas prácticas. Basile me dijo que le gustaba, pero que antes debía ir a otro club por algunos meses. Y me sugirió General Paz Juniors. Yo no acepté y Negri, que era amigo de un dirigente de Belgrano, me consiguió otra prueba...
Fui y me aceptaron. Estaba Miguel Antonio Romero como técnico y de allí pasé al plantel profesional donde Froilán Altamirano dio Su Consentimiento. Pero a la semana cambiaron los directivos. Los que venían tenían el apoyo de Walter Spengler y a José Yudica como técnico. Yudica dijo que no quería a nadie para probar. Pero yo me animé y fui a hablarlo. Me dio quince días para poder verme. Le gusté... Consiguió que Belgrano me pagara la pensión y allí nació un gran afecto y mi respeto. A Yudica le debo casi todo...
Yudica me hablaba como un padre, con consejos futbolísticos y de la vida. Tuve la suerte de integrar siempre el plantel profesional. En reserva hice 16 goles en siete meses y luego debuté en primera contra Sportivo Belgrano de San Francisco. En la última etapa de Yudica como técnico fueron más los partidos en los cuales jugaba que aquellos en los que alternaba en el banco... Él fue el que me volcó para que jugara de wing. Me enseñó a pegarle a la pelota, me retaba porque lo hacía mal, pero un día me dijo que me retaba porque yo era como un hijo para él...
Después también tuve suerte. Era un pibe y llegaron varios veteranos al club. Victorio Cocco estaba de técnico y alternaba con Guerini, Luis Galván, Raúl de la Cruz Chaparro, Miguel Ángel Ludueña... También llegué a jugar con Reinaldi cuando él volvió a Belgrano. La Pepona me decía Nene y hay un consejo que me dio que me fue muy útil: “Cuando hagas la diagonal, mandate por delante de la línea de cuatro; si no caes siempre en offside... Lo aprendí de memoria y me ayuda mucho. Con Cayetano Rodríguez aprendí otro montón; era para escucharlo cinco horas charlando de fútbol...
De los 23 goles que llevo en el Nacional, 7 fueron de penal. Marchetta nos hace jugar con dos delanteros arriba y con frente de ataque libre, pero también llegan muy bien los volantes. Villarreal es un fuera de serie, Martelloto tiene una fuerza tremenda...
No sé si soy yo quien debe decirlo, pero mi mejor condición es la potencia, Me hace falta espacio para picar... Ahora estoy más tranquilo, regulo mejor él es fuerzo y llego al fondo levantando la cabeza. Antes me iba, los muchachos me cargaban por los goles que erré ante los tucumanos el viernes, como cuatro o cinco, pero les respondí que también estuve en la jugada de los cuatro que conseguimos...
A fin del año pasado los periodistas de Córdoba me distinguieron como "El mejor futbolista del año”. Fue muy lindo para mí. El premio me lo entregó Julio Grondona y también estaba presente Bilardo... Sueño con la Selección, pero sé que la única manera de llegar en mi caso es haciendo goles...
Hay una sonrisa y también una convicción. Vino a Córdoba de acompañante y se quedó a jugar al fútbol. A seguir jugando. Sacudiendo la red, pero imponiendo su voluntad juvenil, sus ganas de ganar. Le brillan los ojos cuando habla de Lucas González, su pueblito entrerriano con gente de campo, sulkis y amigos de sombrero aludo a los que hay que saludar, o el ruido moderno de la confitería bailable “Matías” decorada con ruedas, con gusto a campo, o los boliches de la copita antes y después del trabajo... Allí están sus padres, Abel Argentino Blasón (60 años) y Teresita María del Valle (56), y su hermana mayor María del Valle con tres sobrinos que adora…
Córdoba ya lo conoce. El fútbol también. Lo quieren los hinchas. Su nombre se repite con la fuerza del gol. Hay un apodo entrerriano —“Toro”—, pero le dicen Darío, su segundo nombre y él sonríe. A cara limpia. Con el alma transparente y los botines buscando la pelota. Había una vez un wing derecho de Platense que pasó a River y después se fue a Italia. Es para los memoriosos: Santiago Vernazza. Este Blasón de Belgrano se le parece bastante, pero nadie tiene obligación de andar sacudiendo la nostalgia a cada rato. Si ahora, como dicen, lo que importa es el futuro. Y deben tener razón.

FUENTE: Revista El Grafico / Nilo Neder (17/02/1987)
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