Cesar Rigamonti - La tarde de Rigamonti

Cada jugador tiene un partido inolvidable. Ése que, por siempre y para siempre, quedará almacenado en el álbum blanco de su memoria futbolera. César Rigamonti gozó el suyo ayer ante Defensa y Justicia en Florencio Varela. Y no sólo porque fue el primero como arquero titular de Belgrano, por la expulsión que Juan Carlos Olave recibió en el clásico ante Instituto.

Rigamonti conocía la sensación de agitar las redes rivales. Una vez, en el Estadio Córdoba, jugando para Belgrano por la liga local ante Racing de Nueva Italia, anotó un tanto de en el último minuto. Ayer, aunque no fue el autor del gol del empate, volvió a sentir la misma inenarrable emoción.

Nacido hace 22 años en San Agustín, 70 kilómetros al sur de la capital provincial, Rigamonti fue partícipe necesario de la jugada que derivó en el gol del empate celeste, en el último de los tres minutos que el árbitro Mauro Vigliano le había agregado al partido. Cuando casi nada quedaba por jugar y una nueva derrota como visitante parecía consumada, hubo un córner para Belgrano. En ese momento, el muchacho que viene remando desde muy abajo en procura de una oportunidad en el arco celeste sintió un latigazo en el pecho. Era el destino, que le tenía reservado un papel estelar en el final de la historia.

CON LA LANZA
Rigamonti miró al banco cordobés y consiguió del técnico Daniel Primo la autorización para ir a buscar la pelota al área de Defensa y Justicia. Era ahora o nunca. En un par de zancadas, llegó para cabecear el tiro de esquina lanzado desde la izquierda. Pero sólo alcanzó a rozar la pelota, que cayó en los pies de Pablo Chavarría. Por eso, Rigamonti se quedó. Tuvo otra corazonada de que algo bueno estaba por pasar. Y el pálpito no le falló.

El centro cayó otra vez en el área grande del equipo de Varela. Rigamonti saltó más que todos. Y alcanzó a peinarla rumbo al arco de Bernardo Leyenda. Facundo Fernández quiso rechazar, pero tuvo mala suerte: su cabezazo hacia atrás pasó por encima de Leyenda y se metió en el arco. Belgrano había convertido en un empate 2 a 2, un partido que estaba perdido. Por eso, sus compañeros corrieron a abrazar a Rigamonti en la celebración. La fe del joven arquero había hecho posible un empate épico e inesperado.

Más en frío, habrá que ponerse a pensar por qué Belgrano estuvo tan al filo de volver a perder fuera de Alberdi. Y por qué debió sufrir hasta la última pelota del juego. Pero nada podrá hacer olvidar la fuerte emoción vivida por César Rigamonti. El arquero que atrapó la tarde sin usar sus manos. Tan sólo con su corazón.


FUENTE: Diario La Voz Del Interior (30/09/2009)

RIGAMONTI QUIERE APROVECHAR SU MOMENTO
A César Rigamonti quieren oficializarlo como “el nuevo Gigante de Alberdi”. El arquero de Belgrano fue noticia nacional, pero no se la cree.

Fue uno de los días más especiales de mi vida. No me lo voy a borrar de la cabeza nunca más”. Con la misma convicción con la que fue al área de Defensa y Justicia a buscar el cabezazo, César Rigamonti ponderó el lugar que ocupará cada 29 de setiembre de ahora en más. El martes, el arquero de Belgrano, que debutaba como titular, cabeceó al gol en el minuto 48 del complemento, para darle a la “B”, con la ayuda de un defensor rival, el 2-2 definitivo ante el Halcón.


Un momento único, irrepetible. Sin embargo, Rigamonti ya sabía lo que era gritar un gol propio. “No fue lo mismo, pero ya me había pasado. En el Chateau, jugando un partido oficial por la Liga Cordobesa ante Racing, que fue preliminar de un Belgrano-Chicago, fui a buscar un centro y pude cabecear al segundo palo. Ése fue mi primer gol”, le contó a La Voz del Interior.

¿Sos de esos arqueros que practican como delanteros alguna que otra vez?
Los arqueros analizamos a los delanteros y, por ahí, eso te sirve, pero nos preparamos para otra cosa. Estamos para evitar goles, no para hacerlos.
¿Cómo fue el instante posterior al gol? ¿Reaccionaste enseguida?
Fue raro. Ni bien vi que iba adentro, sólo atiné a abrazarme con todos. Lo que pasa es que fui con mucha confianza. El árbitro lo dio como gol en contra. Está bien... Lo único que me importa es haber hecho feliz a la gente de Belgrano.
Por la forma en la que se dio el empate, ¿puede marcar un quiebre en la campaña de Belgrano?
Nos hacía falta una cosa así. La fortuna no nos venía acompañando y esto te da fuerza para encarar los entrenamientos. Estamos convencidos de que podemos dar vuelta las cosas, como lo hicimos el martes ante un rival muy difícil.
Cuando sos suplente, ¿se te cruza por la cabeza que no vas a jugar nunca?
Hay momentos tristes, en los que uno espera y trata de no desesperar. Se te cruza que nunca vas a jugar, pero la chance te llega en el momento menos pensado. El esfuerzo de hoy es el resultado de mañana. A eso lo aprendí con el tiempo. Cada jugador tiene su momento y tiene que saber aprovecharlo cuando le toca.
Y la tuya, ¿es una historia de esfuerzo?
Nací y crecí en San Agustín. Viví en el pueblo hasta los 17 años, aunque a los 15 empecé a viajar todos los días a Córdoba para entrenarme. Cuando terminé el colegio, me vine a vivir a la ciudad. Primero estuve en la pensión, después viví en un departamento con mi hermana, que estudia acá. Y ahora vivo con Pablo Chavarría, en un departamento que nos dio el club.
¿Tiembla Olave?
Ja... Todos sabemos lo que es Juan Carlos Olave y que él es el titular indiscutido. Yo sólo estoy para sumar y aprender de él y de  los profes.

FUENTE: Diario La Voz Del Interior (01/10/2009)
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